Humildad: No es dar todo lo que tienes, ni aparentar ser el mejor ser humano. La humildad no es creerse desinteresado, ni hablar con todos para llamar la atención y esconder tus propios vacíos. Humildad es hablar. Es reconocer que te equivocaste, que hiciste daño. Es reparar a tu descendencia, la que salió de tu propio cuerpo. Humildad es no dejar que otros pisotear tu linaje, ese que se te entregó como propósito de vida, para que cuando llegues a tu vejez, tengas el fruto de tu semilla.